domingo, 30 de diciembre de 2012

PEDRO WAGNER, ¿APÓSTOL O FALSO PROFETA?


Peter Wagner, promotor de la guerra espiritual y la onda apostolica
Escrito por  Juan Stam
Según el Antiguo Testamento, si un profeta predice algo que no se realiza, debe morir apedreado. Cuando los profetas hablan en nombre de Dios, no existe “margen de error”. Para un profeta, no basta tener “un buen promedio” ni aun acertar más veces de las que falla. Al profeta no le es permitido equivocarse en su análisis de la realidad y en sus predicciones.
Pedro Wagner ha sido hace años el gurú más famoso, y de mayor influencia, del movimiento neocarismático en todo el mundo. En sus muchos libros, viajes y conferencias ha promovido la guerra espiritual, los movimientos proféticos y especialmente el movimiento apostólico. En Colorado Springs ha establecido un centro especial para la “cartografía espiritual” (mapeo de los demonios de todo el mundo). Describe su Centro Mundial de Oración como “el Pentágono de la guerra espiritual”. Wagner, dotado de un talento notable para crear terminología altisonante, clasifica estos fenómenos innovadores como “La Nueva Reforma Apostólica” y “La Tercera Ola del Espíritu Santo” en la historia de la iglesia.
Wagner ha sido uno de los mayores líderes y promotores de las nuevas doctrinas apostólicas. Es el fundador y “Apóstol Presidente” (Presiding Apostle) de la Coalición Internacional de Apóstoles, que reúne a unos 500 apóstoles bajo su dirección. También es fundador y Canciller del Instituto Wagner de Liderazgo. Ha escrito unos 60 libros para promover la guerra espiritual y el apostolado. Viaja por todo el mundo promoviendo esas causas con un enfoque casi excluyente.
El caso específico que nos interesa para estas líneas tiene que ver con el papel de Wagner en un reciente avivamiento en Lakeland, Florida, desde abril de 2008, bajo la predicación del canadiense Todd Bentley. El éxito numérico del movimiento fue sensacional y tuvo un impacto extraordinario mediante televisión por satélite, llamado “God-TV”. Pero sus métodos extremistas y extravagantes, y sus enseñanzas muy dudosamente bíblicas (que se pueden documentar buscando “Todd Bentley” o “Lakeland” en el web) suscitaron críticas del pueblo evangélico. Ante estos cuestionamientos serios y responsables, Wagner escribió, el 11 de agosto, 2008, que dicho avivamiento era “un poderoso mover de Dios” y las críticas eran “ataques del enemigo y sus fuerzas de oscuridad”. Como profeta que era, así le revelaba el Espíritu Santo la interpretación de lo sucedido. Pero, como veremos, su interpretación del caso y su acción fueron tan equivocadas, que echan dudas sumamente serias sobre su pretendido status de profeta y apóstol.
Wagner siguió con mucho interés el avivamiento de Lakeland, en parte porque algunos profetas y apóstoles suyos estaban participando. Era obvio también que un acontecimiento tan gigantesco tenía un gran potencial para fortalecer el movimiento apostólico. Cuando un apóstol lo llamó sobre las severas críticas contra el movimiento, según Wagner, el Espíritu Santo le instruyó que tenía que ir a Lakeland y “alinear” a Bentley en el oficio apostólico. Afirmó, en una carta de 25 de junio, que fue Dios quien le guió a emprender dicha misión apostólica.
Llegando a Lakeland hacia fines de junio, Wagner quedó profundamente impresionado y convencido por Bentley. Reportó que la noche de 22 de junio Bentley dio “una confesión impresionante y transparente” de su necesidad espiritual, por lo que “Dios restauró todo lo relacionado con su equipo de trabajo, su matrimonio, su ministerio y su ahora refinado carácter personal”. Wagner encontró en Bentley “un individuo maravilloso”, cuyas “palabras de ciencia” eran impresionantemente acertadas. Como aval a su interpretación entusiasta de esta evaluación de Bentley, Wagner afirma con mucha confianza su propia “capacidad de discernir entre la verdad y el error”, comprobada, según él, por su larga trayectoria carismática. Seguramente no sospechaba por un segundo que el fin de la historia demostraría todo lo contrario y echaría una sombra muy oscura precisamente sobre su supuesto discernimiento profético entre la verdad y el error.
La noche del 23 de junio Wagner celebró, con gran pompa, “la ceremonia de alineamiento apostólico” de Todd Bentley, conforme a todo el “protocolo apostólico” (otros términos inventados por Wagner). Según el informe de Wagner, los apóstoles ungieron a Bentley con un óleo especial, llamado “Sea avivado”, enviado desde África, con lo que “Todd cayó bajo el poder del Espíritu” y tres apóstoles profetizaron sobre él, comisionándolo para dirigir el avivamiento. “El poder del Espíritu”, escribió Wagner, “fue tan denso que casi se podría cortar con un cuchillo”.
A continuación Wagner tomó la palabra y expuso las supuestas bases bíblicas del oficio apostólico. Después dirigió una pregunta a los tres apóstoles que concelebran con él, “¿Perciben ustedes la gracia de Dios dada a Todd Bentley…?” y a Bentley, si él reconocía la autoridad apostólica de los que lo alineaban. Entonces Wagner, en su calidad de “Apóstol encargado” (“Convening Apostle”), culminó la ceremonia:
“Este acto representa una poderosa transacción en el mundo invisible. Consciente de eso, tomo la autoridad apostólica que Dios me ha dado y decreto a Todd Bentley:
Tu poder aumentará.
Tu autoridad aumentará.
Tu favor aumentará.
Tu influencia aumentará.
Tu revelación aumentará.
Decreto también:
Una nueva fuerza espiritual correrá por este ministerio.
Una nueva fuerza vital penetrará este mover de Dios.
Un gobierno se establecerá para poner las cosas en su debido orden.
Dios derramará un nivel más alto de discernimiento para distinguir entre verdad y error.
Nuevas relaciones surgirán para abrir puertas al futuro” .
¡Impresionantes profecías por el apóstol! Pero todas resultaron falsas.
El 12 de agosto se revelaron verdades que las supuestas “revelaciones proféticas” nunca le revelaron a Wagner. Los Bentley anunciaron su separación, con base en “relaciones incorrectas” de él con una mujer de su equipo, “que iban más allá de abrazos y besos”. Surgieron también informes de sus borracheras. Las palabras seudoproféticas de Wagner eran simplemente fantasías irreales y en menos de dos meses sus vaticinios fueron refutados por los hechos.
La reacción de Wagner a este lamentable desenlace dejó mucho que desear. En una carta del 25 de agosto acusó a Bentley de ser un engañador, pero no reconoció que él mismo se había dejado engañar. Toda esta carta es una antología de racionalizaciones realmente absurdas. “Alabo a Dios”, escribió, “por habernos usado a varios para traer orden en medio de la confusión”. En ningún momento admitió que se había equivocado, ni mucho menos que errores tan garrafales dejaran en duda la validez de su supuesta vocación profética.
Según las escrituras, “El profeta que tuviera la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le he mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá… Si el profeta hablara en nombre de Jehová, y no se cumpliera lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción ha hablado el tal profeta” (Deut 18:20,22).
Es dudoso que Israel entendiera estas palabras literalmente, porque existieron falsos profetas y no los mataban. Pero estos versículos revelan la seriedad de la falsa profecia y la tremenda severidad del juicio contra los que ponen palabras falsas en la boca de Dios. La palabra de Dios nunca falla ni engaña. Si bien no se justificaría la pena capital para los falsos profetas, a lo menos debe significar la total pérdida de credibilidad de dichos profetas y la muerte de su “vida profética”.

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