miércoles, 25 de julio de 2012

EL EVANGELIO VERDADERO Y EL FALSO


- Zac Poonen
Los cristianos están, generalmente hablando, categorizados en dos grupos de acuerdo a lo siguiente:
(1) “Católicos Romanos” y “Protestantes” – dependiendo del nacimiento.
(2) “Episcopales” (conformistas) e “Iglesias Libres” (no conformistas) dependiendo de la
organización de su iglesia.
(3) “Cristianos nacidos de nuevo” y “Cristianos nominales” – dependiendo de una “experiencia”.
(4) “Evangélicos” y “Liberales” – dependiendo de la doctrina.
(5) “Carismáticos” y “No carismáticos” – dependiendo del “hablar en lenguas”.
(6) “Obreros de tiempo completo” y “Trabajadores seculares” – dependiendo de la profesión.
Podrían haber también otras categorizaciones. Pero ninguna de estas categorías trata acerca de la
raíz del problema que nuestro Señor vino a resolver.
Muchos saben que “Cristo murió por nuestros pecados” (1 Cor. 15:3) pero muchos desconocen que
la Biblia dice que Cristo murió “para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió
por ellos y fue resucitado” (2 Cor 5:15).
Por lo tanto, una mejor manera de categorizar a los cristianos sería la siguiente:
“Aquellos que viven para sí mismos” y “Aquellos que viven para Cristo”, o
“Aquellos que buscan lo propio” y “Aquellos que buscan las cosas de Cristo”, o
“Aquellos que buscan las cosas del mundo primero” y “Aquellos que buscan el Reino de Dios
primero”, o
“Aquellos que aman al dinero” o “Aquellos que aman a Dios” (Jesús dijo que era imposible amar a
ambos -Lucas 16:13)
Pero nunca he escuchado que se use esa categorización. Esta categorización tiene que ver con la
vida interior del cristiano y su caminar privado con Dios, mientras que los métodos mencionados
antes tratan de los detalles externos de su vida. Sin embargo, es de la manera posterior que el cielo
categoriza a los cristianos. Y si ese es el caso ¡Entonces esa es la única categorización que importa!
En éste método, otros no pueden organizarnos. Tenemos que categorizarnos a nosotros mismos – ya
que sólo nosotros conocemos nuestras motivaciones y deseos internos. Incluso nuestras esposas
podrían desconocer para lo cual vivimos.
¡Nuestro Señor no vino primordialmente a darle una doctrina a la gente, o un patrón de iglesia o
para hacerles hablar en lenguas o darles una experiencia!
Él vino a “salvarnos del pecado” Vino a traer el hacha a la raíz del árbol. Y la raíz del pecado es:
Estar centrados en nosotros mismos, buscando lo propio y haciendo nuestra voluntad. Si no
permitimos que el Señor use su hacha para quitar esta “raíz” de nuestras vidas, seremos cristianos
sólo superficialmente. Pero Satanás nos podría engañar haciéndonos imaginar que pertenecemos a
una clase más alta que otros cristianos, por la doctrina o nuestra experiencia de nuestro tipo de
iglesia.
A Satanás ni siquiera le importa si tenemos la doctrina correcta, experiencia o cierto patrón de
iglesia, en tanto que “vivamos para nosotros” (¡esto, por cierto, es otra frase para decir que
“vivimos en pecado”!) El cristianismo de hoy en día está lleno de Cristianos que buscan lo suyo y
viven para sí mismos, pero que al mismo tiempo están convencidos de que Dios los ve como
superiores a otros Cristianos, solo por sus diferencias doctrinales, su tipo de iglesia o las
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“experiencias”. Esto muestra el gran trabajo con el que Satanás ha tenido éxito haciendo del
Cristianismo.
En Juan 6:38, nuestro Señor dice que Él vino del cielo a la tierra:
(1) Para negar su voluntad humana (la que Él había adquirido al venir a la tierra como Hombre), y
(2) a hacer la voluntad de Su Padre, como Hombre. Por lo tanto Él se convirtió en un Ejemplo.
Al través de la vida terrenal de Jesús – durante Sus 33 ½ años – Él negó su propia voluntad e hizo la
voluntad de Su Padre. Y Él les dijo a Sus discípulos claramente que aquellos que quisieran ser sus
discípulos tenían que hacer lo mismo. Él vino a golpear la raíz del pecado en nuestras vidas –
“hacer nuestra propia voluntad” – y a rescatarnos del mismo.
En el reino de la ciencia, por miles de años, el hombre cometió el error de imaginarse que la tierra
era el centro del universo. Así lo parecía a los ojos humanos – ya que el sol, la luna y las estrellas de
hecho parecían dar vueltas alrededor de la tierra cada 24 horas. Se requirió el valor de un hombre
como Copérnico para cuestionar esta noción popular, hace casi 450 años, y para demostrar que era
completamente falsa y que la tierra no era el centro del sistema solar, mucho menos del universo.
La tierra que él mostró había sido creada para que el sol fuera su centro. En tanto que el hombre
tenía el centro errado, sus cálculos científicos y deducciones estaban equivocadas – porque su
centro estaba equivocado. Pero una vez que el hombre encontró el centro correcto, esos cálculos y
deducciones se tornaron en correctos.
Es lo mismo con nosotros cuando permanecemos “centrados en nosotros mismos” en lugar de ser
“centrados en Dios”. Nuestro entendimiento de la Biblia y la voluntad perfecta de Dios (nuestros
cálculos y deducciones) serán incorrectos. Pero tal como los hombres estuvieron convencidos por
5000 años que estaban en lo correcto (como vimos antes) ¡nosotros también nos imaginamos que
estamos en lo correcto! Cuando de hecho, estamos equivocados al 100%.
Esto es lo que vemos incluso entre muchos “buenos cristianos” hoy en día. Tienen tantas
interpretaciones diferentes de la misma Biblia – y sin embargo cada uno de ellos está convencido de
que sólo su interpretación es correcta y que la de todos los demás está equivocada. Los otros, dicen,
están “engañados”. ¿Cómo es esto posible? Porque tienen su centro equivocado.
El hombre fue creado para estar centrado en Dios y no en sí mismo. Y cuando los cristianos tienen
su centro equivocado, su “evangelio” estará equivocado también. Básicamente, hay solo dos
evangelios predicados hoy en día – uno centrado en el hombre y el otro centrado en Dios.
El evangelio centrado en el hombre promete al hombre que Dios le dará todo lo que necesita para
hacer su vida en la tierra más cómoda y también le dará un asiento en el cielo al final de su vida. Al
hombre se le dice que Jesús perdona todos sus pecados, sana sus dolencias, le bendice y le prospera
materialmente, resuelve sus problemas en la tierra, etc., etc.
¡Él mismo sigue siendo el centro de la vida del hombre, y Dios gira en torno a él – como su
sirviente – para responder cada oración y para darle cualquier cosa que él quiera! ¡Todo lo que él
necesita hacer es “creer” y “declarar toda bendición material en el Nombre de Jesús”!
Este es un evangelio falso, porque no se hace mención del “arrepentimiento”. El arrepentimiento es
lo que Juan el bautista, Jesús, Pablo, Pedro y todos los apóstoles predicaron antes que nada. Y
desdichadamente el arrepentimiento ¡¡es lo que menos se predica hoy!!
El evangelio centrado en Dios, por otro lado, llama al hombre a arrepentirse. Explica lo que
significa “arrepentirse”:
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Alejarse DE sí mismo como centro de su vida, de hacer su propia voluntad, de caminar de acuerdo
al camino escogido por uno mismo, de amar al dinero, y de amar al mundo y a las cosas del mundo
(los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida), etc., y
Acercarse A Dios, amarle con todo el corazón, hacerle el centro de la propia existencia y hacer su
voluntad en lo sucesivo, etc.
La fe en la muerte de Cristo en la cruz puede perdonar sus pecados sólo si se ha arrepentido.
Entonces Él puede recibir el poder del Espíritu Santo que le da la capacidad de negarse a sí mismo
para poder vivir una vida centrada en Dios. Éste es el evangelio que Jesús y los apóstoles
predicaban.
El evangelio falso hace la puerta ancha y el camino amplio (fácil de caminar en él, porque uno no
tiene que negarse a sí mismo o dejar de vivir para los intereses propios o dejar de buscar la ganancia
propia). Millones se congregan donde se predica este evangelio “falso”. Y muchos entran por esta
puerta y caminan por ese camino, pensando que les lleva a la vida. Pero de hecho lleva a la
destrucción. Sin embargo, los evangelistas de este evangelio ¡presumen y reportan acerca de los
grandes números de personas que “levantaron sus manos e hicieron una decisión por Cristo” en sus
reuniones! Pero todo es un engaño. Aunque algunos se convierten genuinamente en dichas
reuniones, debido a su sinceridad, muchos de estos “convertidos” terminan volviéndose “dos veces
más merecedor del infierno” (Mateo 23:15) engañados acerca de su propio estado.
El evangelio verdadero sin embargo, hace la puerta pequeña y el camino angosto – ni más pequeño
ni más angosto de lo que Jesús mismo los hizo, como algunos cultistas "súper-espirituales" lo
hacen, sino del mismo tamaño del que lo hizo Jesús. Son pocos los que encuentran este camino a la
vida. No hay mucho que reportar para estos evangelistas, y sus estadísticas no son impresionantes.
Pero este evangelio lleva a la gente al Señor Jesús y al cielo.
“Tengan cuidado con a quien escuchan. Aquel que obedezca lo que ha escuchado, se le dará más
luz y entendimiento. Pero a aquel que no obedezca lo que ha oído, incluso la luz y entendimiento
que pensaba tener se le serán quitados.” Lucas 8:18 (parafraseado).
El que tenga oídos para oír que oiga.

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